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La acción tutorial: el salvavidas del tutor

¿Qué intereses tienen mis alumnos? ¿Cómo son? ¿Por qué un alumno suspende una determinada asignatura? ¿Por qué otro alumno llega tarde todos los martes? ¿Cómo ayudo a mis alumnos y alumnas?

Todas estas preguntas pueden ser resueltas con la ayuda de la tutoría ya que una de las tareas principales de cualquier tutor o tutora es conocer al grupo de alumnos con los que estará durante, al menos, un curso académico. Quizás, podemos pensar que a lo largo del curso se podrán conocer todos los intereses y todas las inquietudes del alumnado, pero debido a la gran carga lectiva que tiene las áreas o asignaturas y a los problemas urgentes e inmediatos que pueden darse en un aula, resulta imposible llegar a conocer en profundidad a cada alumno y alumna. Esto puede resultar incongruente cuando se afirma que el sistema educativo actual apuesta por una educación personalizada, la cual consiste en perfeccionar, de manera consciente y libre, aquella “tragedia ontológica” que nos viene dada en el momento que nos configuramos como persona, pues nacemos personas, pero sin serlo del todo; esta queda salvaguardada por la educación. Dicho en palabras de Soler (2017, p. 17): La persona, por medio de la educación, tiene que transformarse para ser lo que esencialmente es o queremos que sea persona en el más completo y rico significado de la palabra. Por tanto, la personalización implica educar a la persona en inteligencia y voluntad, respetando su singularidad.

Asimismo, debemos tener claro lo que este artículo entiende por tutoría. Esta constituye el nivel básico de contacto personal entre profesor-alumno y profesor-familia, en otras palabras, forma parte de la función y la actividad docente. Cuando pensamos en la figura del buen tutor nos viene a la cabeza una persona que entiende la educación en su sentido más profundo, global e integrador y que considera que su tarea es contribuir a formar personas que sepan vivir en sociedad, construyendo un mundo mejor. Todo esto puede llevarse a cabo con el recurso de la tutoría porque ella asegura (Torrego, Gómez, Martínez y Negro 2014) el desarrollo del proceso formativo del alumnado, teniendo en cuenta los distintos contextos escolares, familiares y sociales por los que se desenvuelve, dando respuesta a las necesidades particulares (inter e intragrupales) y orientando el futuro académico y la madurez del alumnado. Por tanto, la tutoría no tiene otro objetivo que ofrecer apoyo y orientación al proceso de enseñanza y aprendizaje de cada alumno, en particular, y del grupo-clase, en general.

Tener un conocimiento significativo del alumnado puede resultar útil a la hora de orientar el proceso educativo de cada discente, tanto de manera individual como grupal, ya que la suma de cada identidad hace conocer la totalidad del perfil grupo-clase.
Tener un conocimiento significativo del alumnado puede resultar útil a la hora de orientar el proceso educativo de cada discente, tanto de manera individual como grupal, ya que la suma de cada identidad hace conocer la totalidad del perfil grupo-clase.

Estas son las razones por las que el uso de la tutoría en el S. XXI se hace cada vez más útil y necesario. Sin embargo, todo tutor debe preguntarse:

¿Qué debo saber (como docente-tutor) de mi estudiante?

ATENDER AL ALUMNADO

Tener un conocimiento significativo del alumnado puede resultar útil a la hora de orientar el proceso educativo de cada discente, tanto de manera individual como grupal, ya que la suma de cada identidad hace conocer la totalidad del perfil grupo-clase. También favorece la coordinación entre el equipo docente y las familias. Como bien hemos señalado, solo deberemos conocer aquellos conocimientos y aquellas características (psicológicas, escolares y sociales) necesarias para mejorar el aprendizaje de nuestro alumnado, teniendo en cuenta las funciones del tutor y sin dañar la intimidad de nuestros discentes.

Debido a lo anterior, consideramos fundamental que todo tutor tenga en cuenta diferentes elementos:

  • Trayectoria estudiantil: Resulta necesario conocer si alguno de nuestro alumnado se ha incorporado recientemente al centro o no; su nota media anual; sus informes psicopedagógicos (si los tiene), así como sus faltas de asistencia. Esto puede resultar vital a la hora de tener un primer esbozo de ellos.
  • Estilo de aprendizaje: Conocer la forma en cómo el estudiante asimila mejor cualquier tipo de conocimiento resulta útil a la hora de enfocar el método de enseñanza y el tipo de agrupamiento en el aula.
  • Entorno familiar: Saber si la familia tiene estudios de cualquier etapa, si los padres o tutores legales ayudan a nuestro alumnado a seguir una rutina diaria escolar y cómo se comportan en casa, en otras palabras, qué clima hay, son cuestiones a tener en cuenta si queremos mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes. La función de la tutoría no solo se basa en citar a los responsables de los estudiantes una o dos veces al trimestre sin un propósito, sino que consiste, fundamentalmente, en llegar a acuerdos entre el centro y la familia para animar, incentivar y ayudar a los procesos educativos, sociales y personales de todos los discentes del grupo-clase. En el hogar existen unas normas, pero en el aula también; estas normas deben ser semejantes a la hora de hablar de educación ya que esta tarea no es solo de la familia o del centro educativo, sino de todos. Todos colaboramos y nos enriquecemos de los logros de los niños y las niñas.
  • Motivación: Existen tantas causas de motivación como alumnos en clase. Por tanto, para conocer las causas, es necesario conocer las metas de cada alumno y cómo las verbaliza porque esto nos transmitirá la confianza y el autoconcepto que cada discente tiene de sí mismo.

 

Tras esto, cabe mencionar que la forma en cómo se recoja esta información dependerá del tutor junto con el equipo de orientación del centro y la jefatura de estudios porque estos serán quienes tomen las decisiones adecuadas para elaborar un “protocolo de actuación” en donde se reflejen ciertas pautas educativas para el bien educativo de nuestro alumnado.

¿Qué factores condicionan el modo de aprendizaje del discente? ¿Qué consideramos importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo podemos actuar? ¿Qué depende de mí (tutor)? ¿y de ellos (cada discente)?
¿Qué factores condicionan el modo de aprendizaje del discente? ¿Qué consideramos importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo podemos actuar? ¿Qué depende de mí (tutor)? ¿y de ellos (cada discente)?

PERFIL DEL TUTOR

Ser tutor no es ser un superhéroe, ni un docente más cualificado que el resto de compañeros, sino una persona como cualquier otra que “tiene presente que primero se educa con lo que se es, segundo con lo que se hace y, sólo en tercer lugar, con lo que se dice” (Mañú, 2012, p. 26). Asimismo, para ser tutor es necesario ser una persona con valores, teniendo presente ciertos elementos:

  • Transmitir seguridad y confianza: El tutor es el referente de ese curso, en otras palabras, es el delegado de los profesores de ese grupo. Él o ella conoce con exactitud los problemas del grupo-clase, el progreso del alumnado y las carencias individuales. Por estas razones, si el tutor o la tutora no muestra una actitud empática y de acogida ante su alumnado, ¿cómo van a poder (el alumnado) expresarse y contar sus problemas académicos y/o personales?
  • Ayudar desinteresadamente: Tenemos en nuestras manos las vidas académicas (y personales ya que, a veces, es un binomio indisoluble) de unos estudiantes que pueden ser grandes profesionales en el futuro. Nuestra tarea es ayudarles a seguir avanzando, generando un contrato didáctico desinteresado, pero efectivo para cada alumno y alumna.
  • Sin preferencias personales: Un alumno puede ser más educado que otro, tener más estrategias, un voto más elevado… Esto no exime la necesidad de preocuparse por todos. Cada discente necesita supervisión, seguimiento, aprobación y sentirse acogido. La educación no es un capricho, es un derecho.
  • Tener disponibilidad: Más allá del horario de clase, el tutor debe imponerse, al menos, una hora semanal de atención personalizada con su alumnado y su respectiva familia. Durante el horario de clase resulta imposible dedicar tiempo a los contenidos académicos y al crecimiento personal. Es imprescindible saber a quién estamos enseñando, qué intereses tiene, cuáles son sus aficiones, por qué lleva todo el material escolar de una determinada serie animada… Estas muestras de interés ayudarán a crear un clima de confianza entre el alumnado, sin romper el rol alumno-docente. Todos tenemos el típico ejemplo del tutor que dice: “Yo me centro en dar mi clase. Yo no quiero problemas”. Esta actitud egoísta y egocéntrica no acompaña a la creación de un clima en donde el discente se sienta seguro y tranquilo. Recordemos que la época de la educación puramente teórica y magistral ha terminado; ahora se apuesta por una educación integral (tanto académica como humana).
La educación de todo discente pasa por la responsabilidad del centro (equipo docente) y de la familia.
La educación de todo discente pasa por la responsabilidad del centro (equipo docente) y de la familia.

EL ALUMNADO

Existe la típica tendencia en etiquetar de una manera simplista a nuestro alumnado en trabajadores/vagos y listos/torpes. Esta visión, dentro de la acción tutorial, induce a error porque, al asumir estas etiquetas, no hay posibilidad de hacerse responsable del alumnado ya que esta idea simplista conlleva a pensar en que no se puede modificar si un alumno es vago o inteligente. Sin embargo, la tarea de todo tutor no es etiquetar, sino hacerse cargo y responsabilizarse de la educación de cada discente que forma parte del grupo-clase. Por tanto, para ayudar a nuestro alumnado, debemos plantearnos las siguientes cuestiones:

¿Qué factores condicionan el modo de aprendizaje del discente? ¿Qué consideramos importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿Cómo podemos actuar? ¿Qué depende de mí (tutor)? ¿y de ellos (cada discente)?

Según González y Solano (2017, pp. 29-30) para augurar un éxito escolar en nuestro alumnado es interesante tener en cuenta ciertos factores:

Nota. Adaptado de La función de la Tutoría (pp. 29-30), por A. González y J.M. Solano, 2017, Narcea.]
Nota. Adaptado de La función de la Tutoría (pp. 29-30), por A. González y J.M. Solano, 2017, Narcea.]

Por tanto, intentar conocer a nuestro alumnado solo a través de su capacidad cognitiva y de trabajo es despreocuparse, considerablemente, de cada uno de ellos y, por ende, de su proceso madurativo y de enseñanza-aprendizaje. Ser tutor no es ser un docente más, es efectuar un seguimiento global, humano e integral de manera individual y en grupo, coordinándose con el equipo docente y las familias.

LA FAMILIA: ¿INTRUSA O COLABORADORA?

Antes de comenzar este apartado me gustaría recordar una anécdota que me explicó un padre de un alumno de la etapa de educación primaria:

“Estaba en la clase de mi hijo, esperando a la tutora porque quería concertar una reunión con ella para saber cómo iba mi hijo porque, desde la primera reunión a principio de curso, no he sabido nada de ella. Entonces, al esperarla en el aula, ella entró y dijo:

  • ¡Uy! ¡Un intruso!

Me ofendí, pero retomé la compostura y le dije:

  • No, soy un colaborador de esta clase. Usted me ha hecho ser “intruso”.

Se rió y concretamos la tutoría.”

A veces, causa temor organizar una reunión con los padres de los alumnos y no se entiende bien el por qué. La educación de todo discente pasa por la responsabilidad del centro (equipo docente) y de la familia. Estas deben estar en constante colaboración bajo una actitud positiva y de escucha ya que la información que tiene un tutor y la que tienen los padres se complementan y benefician al proceso formativo del estudiante. Asimismo, existe un tutor o una tutora; sin embargo, no existe un modelo estándar de familia, lo cual exige un conocimiento más exhaustivo de cada realidad familiar, y esto no suele ser fácil, ni ameno. No obstante, para no sobrecargar la tarea del tutor, se debe incorporar en la acción tutorial ciertas herramientas que faciliten el contacto estrecho, cercano y cordial con las familias. Algunas herramientas pueden ser las siguientes: la agenda escolar de cada alumno, y alumna, el correo electrónico del padre/madre o tutor legal, las circulares del centro, las TIC y sus redes sociales (Whatsapp, Telegram, Facebook…), las plataformas de comportamiento virtual (ClassDojo, Classcraft, Class123), entre otras. Todo esto beneficia el trato asiduo con las familias.

Como bien hemos dicho, los tutores deben colaborar y no ser jueces de las familias; esto significa que el tutor no es quien tiene la última palabra o quien mejor sabe qué le sucede al discente. El tutor o la tutora puede necesitar un asesoramiento del equipo de orientación o de otros profesionales para abordar los problemas de mayor importancia o aquellos que escapan a su entender.

Tras esto, cabe preguntarnos: ¿es posible para un tutor llegar a tratar a fondo a los alumnos de su curso?

Todo tutor tiene un tiempo limitado ligado a su temporalización curricular; por tanto, resultará difícil abarcar todos los campos de cada uno de nuestros alumnos. No obstante, sí tenemos que solventar aquellos problemas que dificulten el proceso formativo del alumnado del curso determinado en donde seamos tutores, ya sea un caso de acoso escolar, un problema con un área concreta o un problema en el aula. Esta es la razón por la que se hace vital el contacto estrecho y asiduo con las familias ya que ellos no son los antagonistas de la educación de sus hijos, sino protagonistas del mismo. De ahí que sea útil saber organizar entrevistas, crear cuestionarios y saber cómo desarrollar la sesión individual y colectiva con las familias porque ese tiempo es una oportunidad para conocer mejor al alumnado y a su contexto social, económico, familiar y personal. A continuación, elaboraremos una serie de consejos para el tutor sobre cómo gestionar una acción tutorial efectiva.

CONSEJOS A TENER EN CUENTA

Llegando al final de este artículo y después de haber meditado acerca de algunos puntos que consideramos importantes para repensar nuestra labor tutorial, cabe incidir en que el propósito de este artículo se centra en reflexionar sobre nuestra acción tutorial que no es otra cosa que la forma en cómo orientamos y ayudamos a nuestros estudiantes en su trayectoria escolar y personal. La tutoría no es un tipo de metodología, sino un elemento primordial que debe ser revisado por cada centro educativo para conocer al alumnado, más allá de las exigencias curriculares que impone cada curso académico.  El diálogo con otros tutores de otros centros y países, así como la propia experiencia, ha ayudado a recoger este decálogo que consideramos útiles para cualquier tutor novel y experimentado, llamándolo El salvavidas del tutor:

  1. La paciencia, además de ser una virtud, es la solución a muchos problemas que pueden darse en el aula. Respira y cálmate. Quizás no tengas siempre la razón.
  2. Observar es otra forma de conocer.
  3. Busca enseñar a los alumnos todos aquellos conocimientos que se presupone que ellos han de saber para funcionar bien en el entorno escolar. A veces, no se muestran en el currículo educativo. Estos pueden ser: técnicas de estudio, realización de esquemas, técnicas de relajación y de aumento de la concentración…
  4. Si vas a ser tutor, tienes una herramienta muy buena que es el contacto con los padres y madres. Además, sabrás cómo van en las demás materias y conocerás parte de la vida de los alumnos y las alumnas (realidad en casa, trato con la familia…). Esto te servirá de mucho para tu día a día.
  5. Antes de ser docente, tú has sido alumno. Ahora tienes la oportunidad perfecta para no cometer los errores que cometieron contigo, si los hubo.
  6. Hora del recreo = ¿Tiempo para el café y tertulias? Aprovecha, algunas veces, estos minutos para salir al patio, ver cómo se socializan tus alumnos, hablar con ellos, dedicarles tiempo fuera del curricular. ¡Ah! Y juega con ellos. Crea convivencia.
  7. ¿No sabes cómo afrontar una situación determinada? No te preocupes. Nadie nace sabiendo. La experiencia te ayudará a mejorar. No obstante, no seas obstinado y pide ayuda a tus compañeros docentes, al equipo orientador y/o a la propia familia. La educación no es trabajo solo de uno, sino que es trabajo en equipo.
  8. Sé cercano, disponible y responsable. No juzgues a la familia de un alumno, ni tampoco al propio alumno. No etiquetes, sino más bien infórmate y preocúpate más allá de una nota académica.
  9. Sé justo. Si algo no va bien, debes tomar medidas, dentro de tus posibilidades.
  10. Disfruta la acción tutorial. Esta no es una carga, sino una experiencia que te ayudará a conocer mejor tu profesión y a desarrollar tu identidad profesional docente.

 

Yo nunca seré de piedra. Gritaré cuando haga falta.

 Reiré cuando haga falta. Cantaré cuando haga falta.

(Rafael Alberti – Canción nº 56, Baladas y canciones del Paraná)


González, A. y Solano J.M. (2017). La función de la Tutoría. Madrid, ES: Narcea.

Mañú, J.M. (2012). Manual de tutorías. Madrid, ES: Narcea.

Soler, E. (2017). ¿Qué es la educación? Madrid, ES: La Muralla.

Torrego, J.M., Gómez, M.J., Martínez, C. y Negro, A. (2014). 8 ideas clave. La tutoría en los centros educativos. Barcelona, ES: Graó.

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José Miguel Espinosa Torres
Graduado en Educación Primaria y especializado en Español como Lengua Extranjera. Actualmente, forma parte del grupo de investigación HUM-819 de la Universidad de Jaén (España) centrado en Investigación Curricular y Didáctica de las Ciencias Experimentales. Su lema: Educar es un acto de afecto.

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